Cuando lo barato sale caro

Escrito por Guayacol el . Publicado en Noticias y Eventos

El Nano, el carro más barato del mundo, le está saliendo muy caro a su creador, el audaz empresario indio Ratan Tata. Anunciado en 2.500 dólares como un vehículo completo con cuatro ruedas, figura moderna, liviano, con un pequeño motor de 624 cm3 diseñado por Fiat,

capaz de llevar a dos personas adultas y dos niños, cinco puertas y una de caja de velocidades –dicen– inspirada en los dibujos de Leonardo da Vinci, el Nano ha sido un fracaso comercial.

Tata, uno de los conglomerados económicos e industriales más poderosos de ese intrigante país, donde hay más de 42 millones de personas que se movilizan en motos y el transporte de taxis se hace en los tuctucs, unos tricimotos muy peculiares y anticuados, pensó que ofrecer un automóvil low cost a esa enorme población en vías de cambio y progreso sería el negocio y la revolución de la movilidad de su país.

Cuando lanzó su aparato, que además convulsionó al mundo por la repercusión que podría tener en todos los mercados la llegada de esos Nano a esos precios irrisorios –y en Colombia no dejó de producir titulares e ilusiones infundadas–, Tata dijo que sus cálculos daban para vender 240.000 unidades al año. Hasta la fecha, después de 4 años en el mercado, ni siquiera ha llegado a esa cifra pues las ventas llegan a menos de 230.000 cuando deberían estar alrededor del millón de carros rodando, y el panorama sigue a la baja.

Para completar el saldo rojo, las exportaciones nunca funcionaron pues el Nano no es homologable en los mercados de Europa por razones de seguridad y estructura, y encontró grandes dificultades políticas y logísticas en su propio país donde bloquearon una de las plantas, la cual debió construir de nuevo en otro lugar.

¿Qué pudo pasar? Cuatro años después del arranque, los analistas del mercado se han metido en el estudio de este caso de negocios tan peculiar, que tenía todo el perfil ganador y ahora funge como uno los grandes fiascos de la industria automotriz.

Mirando muchos de los estudios, hay un denominador común: para nadie es un atractivo suficiente ni un síntoma distintivo comprar un producto cuya característica principal es ser barato. No tiene nivel. Y eso que hablamos de un país donde el ingreso es muy bajo y tener un automóvil parecería ser la meta de millones de personas cuando se lo ofrecen a un valor alcanzable.

De alguna manera, eso se ve también en Colombia. El carro más barato del mercado nacional, que se ofrece por poco más de 18 millones de pesos, apenas colocó 358 unidades en el 2012, es decir, ¡30 mensuales!

Además de haber encontrado esa percepción negativa, incentivada por una publicidad en ese sentido –hecha en las redes sociales por ser más barata, lo cual le bajó estatus al producto–, que acabó por malograr el ambiente, al pobre Nano le han salido defectos y competidores. Algunos carros se han incendiado, reportan óxido y debilidades estructurales ya que los paneles y la plataforma no son soldados sino remachados para ahorrar costos, mala pintura, motor insuficiente y una seguridad mediocre.

Y para rematar, el precio final no fue el de los 2.500 dólares prometidos sino que subió entre un 20 y un 50 por ciento dependiendo de las versiones, y eso les permitió a los competidores ofrecer autos tradicionales como el Suzuki Alto, una alternativa más consistente con poca diferencia en cuanto al valor y sí mucho mayor en calidad de percepción para los compradores. En total, amén de muchas otras causas, el papel del Nano no fue el de subir a la India en cuatro ruedas sino más bien el de convertirse en el segundo carro de quienes ya tenían automóvil. De paso, proyectos de hacer carros de bajo precio que se iniciaron cuando se supo de esta estrategia de Tata, por ejemplo, por parte de Renault- Nissan, se han replanteado totalmente al encontrar esa percepción tan aguda y selectiva de la clientela que, creían, iba a devorar esas opciones de movilidad. Y explican por qué el minicarro por excelencia de Europa, el Smart, cuesta como 25.000 dólares, y puesto en Colombia se acerca a los 50 millones de pesos.

Las cifras del Nano a la fecha no son su partida de defunción porque están corrigiendo muchas cosas de las citadas, y el potencial del mercado es enorme sin tener que salir de sus fronteras. Seguramente, después de toda esa inversión y de la persistencia de Ratan Tata, 75 años, quien compró a Jaguar y la puso en negro y en crecimiento, enderezarán sus balances, pero aunque encuentre una segunda oportunidad, el Nano nunca será lo que el VW Beetle o el modelo T de Henry Ford hicieron en su momento. Los tiempos y los clientes cambian. Y mucho.

FRASE:

LAS POBRES VENTAS DEL NANO, el carro más barato del mundo, indican que el bajo precio no es un atractivo sino un handicap para la percepción y la atracción de compradores.